No me gustan los entierros

Cuando termina nuestro tiempo en este plano terrenal y llega el momento de las despedidas, brotan a nuestro alrededor personas, encuentros, reuniones, preparativos y pues la misa reglamentaria con la disposición final del cuerpo. Pues no me gusta. Le rehuyo como a la plaga. Sé que estoy quedando mal y que no es socialmente aceptable, pero simplemente, no quiero y no puedo. Desde mi esquina, deseo una trascendencia plácida al occiso mientras pienso que yo no quiero mayores aspavientos cuando me vaya.