LA ESCRITORA QUE VIVE EN MI

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No se pudo

Pensamos en la muerte mucho, poquito, nada. Cuando muere alguien cercano, una mascota o cuando se asoma en nuestro cerebro la inevitabilidad de la nuestra propia. Más temprano, más tarde, pero vendrá. Como dicen, cuando uno muere ya los problemas se acaban, pero los que quedan, muchas veces lo que reciben en herencia son enredos. Lo que conmueve del escrito y la historia de Tatiana Schlossberg es que aunque se aferró a la vida, a la esperanza de un tratamiento exitoso, de una nueva oportunidad de abrazar a sus hijos, no pudo. No pudo la medicina, ni los recursos ni los deseos. Se fue. Queda en manos de sus deudos mantener vivo su recuerdo en esas mentes infantiles para el resto de sus vidas...

Las velas son para quemarse

No quise hacer listas, ni resúmenes, ni recuentos del año. Hoy preferí detenerme en una frase y dejar que su significado ilumine este cierre de ciclo. Encender una vela es mucho más que un gesto decorativo. Es presencia, es decisión, es recordar que el tiempo no se guarda para después. Las velas no están hechas para mirarse apagadas, como tampoco nosotros estamos hechos para postergar la vida. Y están también esas otras velas… Las de los barcos que nos trajeron hasta aquí. Agradecidas, necesarias, pero ya cumplidas. Quemarlas no es renunciar: es no retroceder. Cerramos un año 9, tiempo de culminaciones, despedidas conscientes y capítulos que se cierran. Se abre un año 1, un ciclo nuevo para sembrar lo que queremos ver florecer en los próximos años.

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