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Por su melena los conoceréis

Hoy vamos a hablar de una idea que me dieron en una reunión y para valorarlo como realmente se merece, tenemos que irnos un poquito hacia atrás en el tiempo.  Me acuerdo pequeña que las señoras cuando se lavaban el cabello usaban los famosos rollos.  O rolos como le dicen algunos.  El seteo era una actividad de los miembros femeninos de la tribu sobre todo los fines de semana, cuando la Infusión 23, los Bobby pins y las redecillas o pañuelos invadían el espacio.

Posterior a esto, con el cabello ya seco, tocaba una labor artística entre la escultura y la cerámica.  El tubi-tubi.  Repetido todas las noches para ir a dormir y mantener a la fiera domada.  Poco a poco el Blower fue haciéndose popular, aunque las más ortodoxas no lo aceptaron porque “maltrataba el pelo”.  En fin, esos cortes en capas a lo Farrah Fawcett no se mantenían solos.  Ni la galluza de ola.  Ni el levantamiento de las raíces a los lados de la cara.  Saben de qué estoy hablando.

En verdad no íbamos tanto al salón, solo para un peinado especial o un corte de cabello, o unos famosos highlights porque ya habíamos superado la etapa del Sun In, la camomila, el agua oxigenada y otros inventos que dejaron más de una cabellera en estado deplorable.

Luego vivimos un salto cuántico.  Florecieron por doquier salones de belleza que prometían lo inimaginable.  Blower a B/.5.00.  Se democratizó el arreglo profesional del cabello y al entrar a una oficina, te recibían melenas acomodadas coronando a sus orgullosas propietarias.  Nuestras hermanas dominicanas no solo nos podían atender de sol a sol, los domingos, rápido, sin cita, sino que andábamos siempre peinaditas.  Claro, decían las clientes satisfechas, “ellas si entienden el cabello de las panameñas”

Con ellas llegaron sus productos y todas experimentamos la baba de caracol, proteína de perla, crecepelo, algo de bambú que ya se me olvidó, coco, aguacate.  Fue como descubrir la cueva del tesoro.   Mientras tanto, nuestra rutina cambió y ya era posible hacernos blower cada vez que queríamos y el blower de casa quedaba para retoques.  El mundo era maravilloso.  Alguna que otra hermana capilar tuvo algún inconveniente, como cabello quemado, tintes indecisos y cortes catastróficos y fue así que poco a poco estos salones fueron quedado solo para blower, mientras que otros procesos se realizaban en otro tipo de establecimientos.  Así de sabias somos.

Siento que aquí las cosas se nivelaron un poco y los salones panameños reclamaron su lugar y entonces propios y extraños nos ofrecieron la keratina.  Cuando pensábamos que las cosas no podían ser mejor, resulta que ahora el cabello estaba domado siempre, con o sin blower, en casa o de viaje, sin puntas flechadas como el tradicional aliset.  Alcanzamos Nirvana.

Cortes iban y venían, recuerdan el de Rachel de Friends que todo el mundo lo quería aunque su cabello no diera para eso.  Y nosotras seguíamos aferradas a nuestro blower perenne, algunas hasta endeudándose por cuidar su apariencia y tampoco dejar decaer sus uñas con diseños y rhinestones.  Esto será tema de otro escrito.

Cuántos dramas escuchamos, de cuántos bochinches nos enteramos (sin querer por supuesto) estando en el salón de belleza.  Cuántas veces no contamos a nuestro estilista o manicurista nuestros más profundos dolores, cosas que ni a nuestros mejores amigos dijimos.  Personas que a través de los años se vuelven amigos que transitan juntos a través del tiempo, con todo lo que eso conlleva.

Si me leyeron hasta acá dirán, pero qué es lo que ella nos quiere decir … .en verdad sentí que este es un tema que nos hermana.  Todas lo vivimos y tanto lo gozamos como lo sufrimos, aparte que recordar es vivir.  Siento que es algo que compartimos sin distingos de gustos, presupuestos, opiniones y puntos de vista.  Y por eso me pareció muy apropiado para tiempos como estos, en que lo que debe prevalecer es lo que nos une, no lo que nos separa.

Espero hayan recordado a sus abuelas y madres, que se asomara una sonrisa, no una lágrima y que su cabello de hoy sea el que siempre soñaron.

Por supuesto, cuéntenme sus historias en el post que haré sobre en mi cuenta de Instagram @maricelescribe

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