Se me acortó la mecha

Con el pasar de los años nos importunan cosas que antes no tenían ninguna relevancia para nosotros. O si llamaban nuestra atención, las dejábamos pasar como cualquier cosa. Ahora no. Habiendo perdido muchos miedos en el camino y formado una coraza protectora, resulta que sí queremos opinar de todo y tenemos una férrea convicción por un punto de vista u otro. También, por lo menos yo, trato de aconsejar a los demás, muchas veces con un garrote en la mano, para que vuelvan al camino de la luz. Todo esto según mi opinión, por supuesto. Esto está mal señores, para algo existe el libre albedrío y, por mucho que nos importe una persona y querramos “ayudarle”, es derecho de todos hacer lo que nos venga en gana.