Recientemente participé en una ceremonia de cacao, nunca lo había hecho y siempre me ha llamado la atención. Por si no saben que es, les cuento un poquito: es un ritual ancestral maya y azteca en el que el cacao puro nos permite abrir nuestra mente y corazón para liberarnos e intencionar. Resumen del resumen.
El cacao al 100% se considera alimento y medicina a la vez, un alimento maestro que se mezcla con algunas especias sin azúcar, se diluye en agua caliente y se comparte. Luego de respirar y meditar, nuestra guía nos entregó una carta a cada uno de forma aleatoria para que fuera la base de nuestra intención, porque, como ustedes saben, las cartas lo escogen a uno y por algo es.
El mazo de cartas que compartimos fue de los guerreros de la tierra. Amo. A mi me tocó “Progress on the Path”, que podemos traducir como “Progreso en el sendero”, representado por el caballo medicinal o de la medicina. Y por supuesto, me cayó como anillo al dedo.
La carta hablaba de avanzar. Pero no de ese avanzar apurado, lleno de listas y pendientes. Habla de otro tipo de movimiento. Uno más incómodo, más honesto. El que ocurre cuando dejas de pensar tanto…y empiezas a confiar.
Luego de ir bebiendo el cacao poco a poco (no piensen que es como el chocolate caliente al que estamos acostumbrados), fui sientiendo un calorcito y hasta cómo se me aceleraba un poco el corazón. Llegó un punto en que nuestra guía nos pidió levantarnos y bailar al ritmo de la música, para que el cacao llegara a cada célula de nuestro cuerpo y la medicina hiciera su trabajo.
Este avance del que habla la carta lo siento hace un par de años ya. He modificado mucho mi forma digamos de “operar”. Vendí mi carro, me dejé de teñir el pelo y he dejado que el universo de la escritura se apodere de mi. Trato de no preocuparme por cosas que en verdad no son importantes y por balancear mi tiempo en distintos intereses.
Cuando caminas muchas veces duele. Despojarte de cosas y alejarte de personas, también, pero a veces es necesario. Enfocarte en lo que realmente quieres lograr es difícil con tantas distracciones alrededor. Es que cuesta mucho entender que si diluyes tu atención en tantos intereses, solo hará que no logres conseguir nada o casi nada de lo que te propones.
Muchas veces, nos detenemos porque nos llenamos de razones y excusas. Nos decimos que no es el momento, que falta algo. Que todavía no estamos listos, que no está terminada la idea o el proyecto,
Pero… ¿y si no falta nada? ¿Y si lo único que falta… es confiar?
La carta decía algo que se me quedó grabado: Que cuando confías, el camino se acelera. No porque todo se vuelva fácil, sino porque dejas de resistirte. Y eso… cambia todo. No importa que no tengas todas las respuestas, a lo mejor ni entiendas la situación en su totalidad.
Me repito todos los días hasta el cansancio que no se trata de hacer más, sino de sostener lo que ya está pasando y que es lo que es realmente importante para ti. No estás fallando, al contrario, estás siendo más eficiente y te estás cuidando, protegiendo, logrando tu bienestar.
El camino solo necesita que lo camines. Ya vienes con el impulso, ya tienes la idea, el sueño. Sigue, tu sigue. Vas a llegar más lejos de lo que crees.
Cuando terminamos, una sensación de paz y tranquilidad me invadió totalmente. Agradecimos al cacao por la magia que realizó en nosotros y nos dispusimos a una sesión sanadora con cuencos de cuarzo, en la cual me dormí profundamente. No les conté que antes del cacao, practicamos yin yoga y a pesar de mi cadera respondona, no morí en el intento.
Si sienten el llamado de relacionarse con este tipo de prácticas, háganlo, si no les resuena, no pasa nada. Es parte del camino.



