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Cara de descuento

Esto es algo que les debe haber pasado si están alrededor de mi edad.  Las señales van in crescendo, las conversaciones se van plagando de temas de salud, menopausia, incremento de peso, falta de energía, dificultad en concentrarnos, en fin, todo aquello que señala en una sola dirección.  El paso del tiempo se va notando, se va sintiendo y, aunque nuestra mente y espíritu siga bailando al ritmo de Menudo, nuestra realidad es otra.

 

En una reunión familiar recientemente, surgió el tema del retiro y la jubilación.    ¡Qué felices estamos que ya vamos a poder reclamar el descuento de la tercera edad!  Bueno, pronto, muy pronto.  En verdad, ¡es muy buen descuento!  Y el que aplica a los pasajes aéreos, nos hace salivar.

 

Que, si tenemos plan de jubilación privada, que si estamos invirtiendo en la bolsa, que en qué sistema estás en la CSS, que será un milagro si nos toca algo de la jubilación estatal, que durante décadas hemos pagado.  En fin, como leche derramada, estos temas van permeando nuestros pensamientos y encuentros sociales.

 

Todo muy bien, es la ley de la vida.  Pero lo que yo me pregunto es, ¿en qué momento se fueron los años que están entre que fuimos “adultos” y estamos pensando en retiro?  Los busco y no los encuentro.  Creo que se escondieron entre reuniones de trabajo que pudieron haber sido un email y competencias de taekwondo.  Entre idas al supermercado, al salón de belleza y llevar a los niños al pediatra.

 

El famoso descuento ya me lo han ofrecido varias veces, ahora que soy salt and pepper, en ocasiones lo he aceptado humildemente, a veces el ego me gana la partida saliendo por mi boca diciendo enfáticamente que ¡aún no!, que solo soy canosa, no es que haya cumplido los 55.  Me falta entrenamiento y darle pasiflora a mi lengua.

 

Toda la vida he escuchado y sentido empatía por las personas que cuentan los minutos para jubilarse.  Veía a estos adultos tan grandes y serios, que se han sacrificado tanto, ya merecen descansar.  Pensé que me pasaría igual.  Pero no.  El tiempo no me alcanza para todo lo quiero hacer, a pesar de que el cuerpo a veces no me acompañe.  Siento la cabeza a mil por hora, ¿no les pasa?

 

El otro día conversaba con una persona que admiro mucho y me comentó que a esta edad le apetecía hacerse un calendario de desnudos.  Yo, más modesta, estoy enfrascada en mi segundo libro y tejiendo crochet, pero quién quita que luego me arrebate.

 

Y es que con todo lo aprendido, el camino recorrido, la seguridad adquirida y por qué no, la libertad ganada y porque quiero y me da la gana, nuestro momento es ahora.  No mañana, no cuando termine de pagar la hipoteca, no cuando los chicos se gradúen, no cuando me jubile.  

 

El momento es ahora, aunque desde ya tengamos cara de descuento.

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