No sé si se acuerdan o si vivieron la época en la que nos comunicábamos a través de cartas y telegramas. Llamar a alguien al extranjero era sumamente costoso y la mayor parte del tiempo uno no estaba seguro de que lo estuvieran escuchando, obligando a repetir la pregunta “¿me oyes?”, o diciendo, “no te escucho, repíteme por favor”. O la operadora decía que las “líneas estaban congestionadas”, eso era el pan de cada día.
Amarrando el tema, varias personas que ya han terminado el libro o que han leído los escritos, quedaron con ganas de conocer mejor al tío Juan. Yo sabía que él les iba a caer bien. Entonces, resulta que me acordé de que en una de las cajas de documentos que guardo, hay una carpeta en la cual están archivadas muchas cartas intercambiadas entre mi papá y mi tío Juan.
Mi papá, como les he contado, era muy pero muy ordenado y guardaba un folder por cada persona con quien cursaba correspondencia. Así es. Para que el cuento estuviese completo, sacaba copia o ¿habría sido papel carbón? de las que él mandaba y así tenía toda la información a la mano. Aunque usted no lo crea.
Por supuesto, existe una carpeta con las misivas hacia y desde el tío Juan. Cabe mencionar otro detalle, hacia y desde Cuba la cosa era más difícil. Siguiendo la pista de las fechas de las cartas, tardaban mucho más de lo esperado, meses, por lo que múltiples consultas y comentarios quedaban literalmente en suspenso.
Tío Juan escribía a máquina, mi papá lo hacía a mano. El tío utilizaba lo que encontrara o estuviese disponible. Papeles cortos, gruesos, delgados, cuadrados, en fin. Y si se le iba acabando el espacio, concluía de abajo hacia arriba en los márgenes.
Más allá de la forma, el fondo de este intercambio entre hermanos es lo que apretó mi corazoncito. La preocupación por la salud de mi abuela y mi tía, ambas en Cuba al igual que el tío, era tema constante. Líneas como “ruego porque sufra lo menos posible” revelan la verdadera personalidad detrás de la rígida máscara.
Se sabían los nombres de todos los medicamentos, los equivalentes, las casas farmacéuticas, todo. Amistades nacidas con farmacéuticos a través del recorrido de sucursales buscando las cantidades necesarias para mandar a la isla, enfrentándose en algunos casos a la escasez o no existencia de las mismas. En una carta cuenta que recorrió unas 30 farmacias. Estamos hablando de Panamá de 1984.
En la lejanía se siente la cercanía, al expresar cada uno sus pesares y preocupaciones, en términos que estoy segura de que no compartían con nadie más. Hasta me siento culpable al leer estas líneas que no estuvieron destinadas para mí. Las despedidas, además de mandar saludos a todos, se sellaban siempre con la frase “tu hermano que te quiere”. También el tío cierra varias cartas con la frase “besos de mamá”.
En verdad, para una madre no importa la edad que tenga, ni la que tengan sus hijos, siempre serán como niños pequeños. En otra mi papá manda a decir a mi abuela “cuídate mucho y no des carreritas, que te puedes caer”. Lo de mi tío y mi papá por mi abuela era una real adoración.
Se siente la desesperanza también, al agravarse un síntoma, faltar un medicamento o demorar un envío. Todo pende de un hilo. Reflejan el pasar de los años y los efectos en sus cuerpos, “ya no somos los de antes”, y además de las dolencias de la madre, se van sumando las de los hermanos, que, aunque afectados, anteponen siempre el bienestar de los demás a los de ellos propios, todo por la voluntad de Dios.
Esta inestabilidad en el tema de las cartas el tío la plasmó en esta post data: “Te envío una copia de la carta en otro sobre, no se vaya a perder la que escribo, o si se demora varios meses, la otra llegue antes”. Suena increíble, pero es verdad.
En algunas antes de la fecha y los saludos, inicial con una cruz en el medio del papel en la parte superior, costumbre que el tiempo ha borrado. Escribían setiembre, sin la p y así otras cosas.
Por supuesto, no puedo cerrar sin destacar algo de “tío Juan siendo tío Juan”, y por eso les comparto este cierre “He demorado un poco por si tenía algo interesante en contarte, pero en vista de que no hay nada nuevo, te hago la presente”. O sea, no hay nada interesante, pero te escribo igual.



