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La tarjeta, las velas y las pantuflas

Papel de construcción, lápices de colores, goma y tijera.  Si la cosa es más sofisticada, se añade fieltro, limpiapipas, papel crespón en bolitas y recortes de alguna revista o figuritas.  Tantas y tantas tarjetas hicimos con nuestras manos para felicitar a mamá o a papá cuando estábamos en la escuela y también fuera de ella porque hacíamos para los cumpleaños, aunque no fueran tarea.

 

Siempre llevaban una portada y luego en la parte interior el mensaje, escrito a lápiz o a pluma si estábamos más grandecitos, en el cual escribíamos lo que decía la maestra cuando estábamos chiquitos o lo que salía de nuestro corazoncito cuando gozábamos de libertad creativa.

 

Creo que tengo algunas que guardó mi papá.  Era especialista en archivar cosas. 

 

Este año fue para mí una revelación en este mundo de las tarjetas.  Primero porque ya casi no se dan.  Segundo porque cuando se dan, se limitan a expresar el mensaje que ya viene impreso y solo se firma.  No le encuentro la gracia a esto.

 

Fue una revelación porque mis hijos por primera vez en su vida se pusieron de acuerdo para comprarme un regalo y darme una tarjeta del Día de la Madre.  Aparte de velas, que son mi delirio, me regalaron unas pantuflas que me describen a la perfección.  En verdad me emocioné porque pensé, “me conocen”.

 

Pero lo que realmente me impactó fueron sus mensajes escritos en ella.  Los dos escribieron en la misma tarjeta, lo cual fue más sorprendente que encontrarme 10 millones de dólares en mi cuenta bancaria.  Cada uno escribió a su manera, uno más largo y sentimental el otro más corto y al grano, agradeciendo mi guía, lo que significa que algo de mi esfuerzo está calando.

 

El cierre de oro fue un dibujo.  Si, un dibujo de una de nuestras mascotas que falleció recientemente y que en verdad me entristeció mucho tanto por lo inesperado y por el cariño especial que le tenía.  Me di cuenta de que me conocen y que intuyen mis sentimientos, porque con los hijos nunca se sabe lo que piensan de uno.

 

¿Les dije que mis hijos son varones y tienen 25 y 27 años?

 

Como el Día de la Madre es todos los días, las felicito hoy que les llega este correo y espero que los detalles inesperados y sencillos como estos sean los que guarden en el corazón.

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