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Las velas son para quemarse

Esta frase tiene varias interpretaciones y todas parecieron confabularse para coincidir en este escrito como muy ciertas y apropiadas.  Como último escrito del año, lo típico y obvio que nos ahogará a través de nuestras redes sociales serán los compendios del 2025 en múltiples formatos que, gracias a Dios, la tecnología nos regala para hacernos la vida más fácil.

 

Hoy no me provoca enumerar.  Me apetece, como dicen los españoles, enfocarme en dos acepciones de la frase «la vela» para que sean guía en este nuevo año.  Para mí, un significado que no puedo ignorar es el de las velas de cera o de cualquier material, color, aroma y demás.

 

Un amigo me contaba que su madre no encendía estas velas decorativas, porque después se le gastaban. Que ellas, apagadas, igual impregnaban de fragancia la casa.  Por supuesto, él, cuando recibió esta respuesta, ubicó el fósforo más cercano y encendió todas las que pudo encontrar.

 

Señores, el tiempo se pasa y no regresa.  ¿Para qué estamos guardando las cosas?  Ni las velas ni nada nos vamos a llevar a la tumba ni al crematorio.  Yo amo las velas y las enciendo a diario, para mí la llama es mágica, ya que transmuta cualquier energía negativa en el ambiente y la transforma en algo positivo.  El fuego limpia, purifica, es esperanza. A mí en lo particular, me regala claridad mental y paz.  

 

Si nos vamos más profundo, la interpretación (que se llama ceromancia) de la llama, cómo se va consumiendo la vela y hasta el color del humo es una práctica común. No nos damos cuenta, pero desde tiempo de nuestros ancestros las encendemos para oración, para recordar a los muertos, para apagar en nuestro cumpleaños pidiendo un deseo y en muchos otros rituales, religiosos o no.

 

Las otras velas que vamos a quemar en este cierre de ciclo son las de nuestros barcos.  Pero no para detener nuestro avance, sino para evitar la tentación de retroceder hacia una zona cómoda, una relación que no conviene o situaciones que nos desfavorecen.

 

Esos navíos que nos han traído hasta aquí hoy, han sido imprescindibles en nuestro crecimiento y les estaremos eternamente agradecidos. Nos han protegido de las tempestades y nos han abrigado en momentos inciertos.

 

Los abrazo, les agradezco pero los dejo en la playa.  Ahora es el momento de apuntar nuevos horizontes, guiada por una brújula calibrada con un destino fijado.  La ruta está clara, el pronóstico del tiempo y la marea los tenemos, aunque eso no está escrito en piedra.  Nada lo está.  Así que el viaje estará amparado por los instrumentos modernos (este barco es nuevo, no les había contado), las experiencias vividas y esa intuición que nunca se equivoca.

 

Antes de terminar, estamos concluyendo un año número 9 (sumen 2+0+2+5=9) es un año de cierre y culminación de procesos, siendo el 2026 un año número 1 (sumen 2+0+2+6=10 y entonces 1+0=1) es un año de inicios, en el cual vamos a sembrar lo que crecerá, florecerá y cosecharemos en el próximo ciclo de nueve años.  Habiendo dicho esto, es el mejor momento para cerrar capítulos y prepararnos para hacer nuestros sueños realidad.

 

Hoy les invito a que cualquiera que sean los planes o rituales que practiquen para celebrar el cambio de año, incluyan quemar sus velas.  Todas ellas.

“Me encantaría conocer tu opinión. Sígueme en @maricelescribe y mándame un mensaje directo, ¡te responderé personalmente!”

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