Ghana, o como es su nombre oficial, República de Ghana, es un país ubicado en el occidente africano con unos 35 millones de personas. Su riqueza en oro le hizo sumamente atractiva para las fuerzas colonizadoras como los portugueses, siendo los británicos quienes se impusieran finalmente. Fue la primera colonia subsahariana en independizarse. Mayoritariamente cristianos, cuentan con alrededor del 17% de la población de musulmanes y una minoría de practicantes de cultos originarios. Sabemos que estas cifras oficiales, como en otros países, no reflejan la realidad de personas que se adhieren a una religión, pero acuden a otros ritos de forma paralela si lo consideran propicio o necesario.
Las personas recurren a “ayuditas” cuando quieren conseguir algo que anhelan desde el fondo de su corazón o para temas más banales como amarrar un marido o que el “ex” termine con la actual pareja. Si, todavía la gente pierde el tiempo en esto.
Pero ¿y si hablamos de deportes?, ¿cuántos de ustedes no tienen una “camiseta de la suerte”? De esas que se están deshaciendo ya pero que usan en cada partido de su equipo favorito para “darles suerte”.
No sé si el chamán o “brujo” de Ghana tuvo algo que ver, pero para mí, que no se nada de fútbol, los equipos africanos se lucieron en este Mundial desde que entraron con sus looks candentes por la puerta. Si, todos o muchos juegan profesionalmente en las mejores ligas del mundo. Solo espero que tengan igualdad en los términos de sus contratos, pero bueno, esto es harina de otro costal.
La cosa es que yo iba a empezar hablando del respeto que debemos tener ante todas las creencias religiosas, obvio nada que ver con fanatismos, sectas o hacer el daño al prójimo; pero me fui por la tangente.
Lo que pasa es que el “brujo de Ghana” se volvió mega viral y generó un sinfín de acciones de los contrincantes del equipo africano para protegerse. Me impresionaron los colombianos subiendo el Montserrate. Pero se convirtió en objeto de mofa y eso me molestó. Porque no todos los cultos africanos son “malignos”, te echan maldiciones o te dejan embrujado. ¿No es esto una forma de discriminación o de ignorancia? Son culturas milenarias y muy sabias, de las que considero tenemos mucho por aprender.
No sé si Nana Kwako Bonsam, así se llama el “brujo”, trabaja desde la energía o es solo un charlatán disfrazado. Según una nota de Pablo Romero en el diario El País “No influye en absoluto en el rendimiento ni en el resultado. Lo ves con polvo en la cara, soplando polvo y haciendo movimientos: todo es espectáculo, no es real. Es un tipo normal al que le encanta viajar y seguir a nuestra selección”. Estas declaraciones las obtuvo del periodista ghanés Gary Al-Smith.
Todo apunta a que “brujo verdadero”, no es. Lo que si es que se robó miles de titulares con sus supuestas “maldiciones” y predicciones, que no han sido muy acertadas que digamos.
¿Y qué me dicen del fanático de la RDC Michel Kuka Mboladinga que emula a Patrice Lumumba? Sin ningún ritual o polvito mágico une y da soporte no solo a la afición, sino al mismo equipo del país africano, que ha pedido que se le incluya como miembro oficial de la selección y que los acompañe en todos los partidos.
¿Psicología o sugestión? ¿Rituales verdaderos o falsos? Paso a otro tema. Ustedes ven como tanto jugadores como miembros de equipos técnicos realizan gestos o pronuncian palabras en silencio al enfrentarse a un penal, cuando anotan un gol, cuando fallan. Si los analizamos, notamos que muchos en primer lugar rezan en grupo al iniciar y al finalizar el partido. Igual agradecen al cielo, a su ser supremo, el haber logrado esa hazaña imposible. Hasta aquí todo bien. Sin embargo, no podemos ignorar las críticas que han recibido los equipos musulmanes al rezar (en postura de Sujud o postración). ¿Por qué incomoda si es similar a que un jugador cristiano se persigne? ¿No es esto también discriminación?
A lo mejor estoy exagerando. Recuerden, yo soy Sagitario con Sagitario. Pero como siempre, creo que es mejor informarse, aprender y respetar.
En resumen, estamos ante la fiesta de países más grande que se realiza cada cuatro años. Vemos sentados en las gradas personas de países opuestos en el globo terráqueo pero que viven un mismo entusiasmo que no necesita idiomas, como si fueran hermanos. Qué lindo fuera que pudiéramos dejar la discriminación en la puerta y disfrutarlo verdaderamente como iguales.
Ya viene el pollo del arroz con pollo, así que vayan buscando sus bufandas, gorros, camisetas, amuletos, estampitas, novenas, velas, cristales, todo lo que consideren necesario para darle la victoria a su favorito. Total, no le hace daño a nadie y, como dicen, de que vuelan, vuelan.
Pensé escribir sobre la corrupción en la FIFA y los eventos inconcebibles que hemos presenciado en estos últimos días. En verdad, prefiero esperar a que termine el Mundial. Aparte, estoy esperando a que me haga efecto la Tafil.



