Mi fascinación por el zodiaco, la astrología y demás empezó siendo muy chiquita por la pulsera de mi abuela. Además que yo estaba orgullosa de ser Sagitario como ella. Siempre leí y estudié del tema, pero no fue hasta hace unos años cuando realmente me lo tomé en serio.
Durante un año me sumergí en trígonos, sextiles y oposiciones apuntando como desquiciada en mi cuaderno tanto detalle. Porque fácil no es señores, es un mundo que mientras más rascas la superficie te das cuenta de su inmensidad.
Yo les tengo que decir que me ha hecho entender muchísimas cosas y personas. Cada vez que se viene un nuevo aspecto, trato de ver de qué manera lo que estoy viviendo o planeando encaja y como le puedo sacar mayor provecho.
No, no soy fanática. No rijo cada paso que doy por lo que muestra la carta. Pero si me hace pensar.
Que somos lunáticos, si lo somos. Que los eclipses marcan hitos, también. Que la energía dinámica que generan dos planetas al estar muy cerca uno del otro nos influye, por supuesto. Eso se llama conjunción y cuando están diametralmente opuestos se llama oposición y su interacción entonces es muy diferente.
¿Sabían que Panamá es escorpio? Por su fecha de nacimiento como República.
Vivimos en ciclos y como todo, llegan a su final para que otros comiencen. La astrología es una herramienta muy poderosa, pero no es sino tu esencia, tu fuerza interior la que la va a utilizar (o cualquier otra) para romper los esquemas negativos y avanzar en tu camino.
Como dice el Kybalion de Hermes Trimegisto, “lo que es arriba es abajo y lo que es adentro es afuera”, les recomiendo este libro corto, simple, pero de una profundidad inmensa.
Y mientras tanto algunas mamás calculan quedar encinta para que el bebé sea tal o cual signo, y en la oficina a lo mejor no te contraten porque tu signo no es compatible con tu jefe (ambas cosas sin sustento, ya que no cuentan con el ascendente y la luna de la persona),yo seguiré sin firmar papeles durante Mercurio retrógrado, porque uno nunca sabe.



