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Una loba de verdad

Fátima Al-Fihri.  Nunca había escuchado este nombre hasta que un día Instagram me la presentó, destacándola por el Día Internacional de la Mujer.  Que, dicho sea de paso, en este mes me la he pasado escribiendo de hombres, ya toca reivindicarme.

Fátima nació en Túnez arrancando el siglo IX, migrando con su familia a Fez, Marruecos, que era en ese entonces un hervidero comercial e intelectual, donde continúa su vida.  Aunque su familia no era acaudalada, si logra amasar una fortuna gracias a los negocios de su padre.  Tanto ella como su hermana al heredar, deciden dedicar su patrimonio a la construcción de mezquitas y escuelas en su ciudad adoptiva.

Se dice que el primer día del Ramadán del año 859 colocan la primera piedra de la mezquita de Qarawiyyin significa «perteneciente al pueblo de Kairouán», sitio en Túnez donde nacieron las hermanas.

Esta mezquita fue diferente a las demás, ya que se dedicó a la enseñanza superior y atrajo a muchos intelectuales musulmanes e inclusive de la Europa medieval.  Lo que ustedes no saben es que este lugar existe todavía y es considerada la universidad en operaciones contínuas más antigua del mundo.  Y adivinen que, las mujeres podían asistir, aunque escuchaban las clases desde un recinto separadas de los hombres.

¿Por qué hablamos hoy de Fátima y de que es una loba de verdad?  Tengo que hacer referencia a un libro magnífico que me estoy leyendo que se titula “Mujeres que corren con los lobos” de Clarissa Pinkola Estés.  No les voy a hacer un spoiler para que se hagan el favor de leerlo, pero si les puedo decir que nos toca muy cerca.

A través de cuentos, nos va mostrando los distintos arquetipos femeninos y nos aterriza en una gran verdad.  Las mujeres hemos sido domesticadas a lo largo de la historia y hemos perdido esa mujer salvaje que fuimos.  Hagamos un paralelo, ¿qué representa una loba para ti?, puede ser lunática, sexual, maternal, protectora, leal y tantos adjetivos más.  Confía en su intuición y sus instintos, lucha a muerte por los suyos.  Es sangre y fuego interior.

Así era Fátima.  Y muchas de nuestras antecesoras.  Sabias, matriarcas, custodias.  ¿Qué pasó en el camino?  ¿Cuándo nos volvimos temerosas y sumisas?  ¿En qué momento se apagó nuestro fuego interior?

A eso te lleva este libro.  Si fueron a algún concierto de la última gira de Shakira, vieron tanto la loba gigante que es ella misma, como el video animado donde ella, siendo una loba herida, queda a cargo de proteger sola a sus dos lobeznos enfrentando el abandono del padre.  Y sobrevive.  Y triunfa, gracias a esa fuerza imparable que nos invade cuando debemos luchar por sobrevivir.

Por alguna diocidencia, una vez lo empiezo a leer, otras personas que conozco lo estaban leyendo también, embargadas por el mismo sentir.  ¿Dónde quedó la mujer salvaje que somos?  ¡La tengo que encontrar!  La pobre debe estar bajo cientos de colchas y hojas secas.  Debe estar famélica y con los cabellos hechos un nido.   Seguro le duele algo y no puede dormir bien.  Se ha conformado con muy poco.  No ha luchado por nada, no tiene fuerzas y no sabe cómo.

Chicas, seamos más Fátima y menos víctimas.  Busquemos la lata de Lysol para acabar con esos ácaros y démosle una soberana sacudida a esa mujer salvaje que realmente somos.  Esa loba que vive en nosotras y que le debemos a nuestras madres, abuelas y las mártires del 8 de marzo, necesita salir a la luz y correr libre bajo la lluvia y bajo el sol.  Hagámoslo antes que sea demasiado tarde.

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