No me refiero a mis hijos, no. Aunque sé que el momento en que se establezcan de forma independiente, aunque vivan en el piso de abajo, me voy a sentir como que se fueron para Júpiter. Me refiero a mis libros. Mi primer libro. Mi otro bebé.
Diariamente salen por la puerta de mi casa, en menor o mayor cuantía, para dirigirse a sus nuevos hogares, sean una casa, una librería o un café. Cada día tomo un grupo, sobo cada uno de ellos y al escribir la dedicatoria, visualizo a la persona y lo encomiendo. A los días, me di cuenta de que era un proceso para el cual debía elevar mis energías, ya que terminaba drenada al despedirme de ellos.
Fue en este momento que realicé que me dolía dejarlos ir, aunque fueron creados para eso, para llegar a otras manos, para ser leídos por otros ojos. Pensados y sentidos de forma diferente, dependiendo del punto de vista y las referencias de cada uno. Como he entregado muchos directamente, sé cuáles son sus nuevos hogares y sus custodios, eso me da tranquilidad.
Cuando recibo comentarios, es la cúspide de la emoción. Es como que me dijeran que mis hijos biológicos son buenos, educados, atentos, inteligentes y el infinito listado de cualidades por el cual a una madre se le sale la baba y se le aguan los ojos. Asimismo, me siento cuando me comentan al terminar el libro.
Me alegra que se sientan que están conversando conmigo, esa es la idea. Me encanta que algunos escritos les hagan recordar y que otros les hagan reír. No es que me alegre, pero también me satisface cuando reconocen que se les salió una lagrimita. En cada uno de ellos he dejado mi corazón y a ningún corazón le gusta que no lo tomen en cuenta o lo valoren.
Cuando los veo salir por la puerta, recuerdo todo el proceso y el camino recorrido, que me parece tan extenso, pero que en realidad ha sido muy corto, solo un año. Así es, mirando en retrospectiva, en septiembre de 2024 se publicó el primer escrito en la página y el post inicial en la cuenta de Instagram. Meses después, surge la idea del libro y arranco a trabajar con Julieta para darle forma a esta iniciativa que no estaba en el panorama cuando empecé con el proyecto de Maricel Escribe.
Muchas carreras después, que más o menos ustedes ya saben, el libro y yo llegamos foto finish a Panamá, el día antes del inicio de la Feria Internacional del Libro, en la cual se presentó formalmente. La firma de ejemplares fue maratónica, así que de esos no me pude despedir propiamente, les mando un beso desde acá.
Me puse a pensar cuál fue el primer libro vendido y no fue uno, fueron dos, a queridas amigas que no podían acudir a la feria y no querían quedarse sin el suyo. Me sentí como una rock star.
Tratando de bajar las revoluciones y enfocándome en organizar pequeños eventos y colocarlos en otros lugares, mientras siguen saliendo pedidos desde mi casa, veo cómo se achican las pilas de libros en mi sala y me planteo ordenar al proveedor más unidades para que me lleguen a tiempo y que no me agarre el cuco.
Guardo en una repisa especial en mi habitación los ejemplares de prueba que recibí en primera instancia. Esos no me van a abandonar y permanecerán conversando conmigo por siempre, seguro recordando a sus hermanos y tejiendo historias sobre lo que estarían haciendo un día como hoy.



