Les debía este cuento y es que he estado tan metida en él que tenía hasta como susto de ponerlo en papel. Definitivo, no es lo mismo que escribir artículos cortos, sin hilo conductor, al vaivén de mis pensamientos, emociones, o de lo que veo y me llama la atención.
Me costó mucho, muchísimo, mantener una línea cronológica clara para el lector. Mi cerebro patinó más veces de las que hubiese querido en mantener diálogos y conversaciones propios para el tiempo en que se desarrolla la historia y de acuerdo con las características del personaje. No sé si les conté que se desarrolla en La Habana, Cuba en 1933.
Pequé, tal como lo hago cuando converso, de llevar parte del intercambio de ideas en mi cabeza para luego empatarlo verbalmente. Pretendí por momentos que los lectores fueran medio pitonisos para poder seguir la pista de algunas situaciones.
Me volví un guacho a la hora de mantener la voz del narrador clara y definida. Cambié de voz más que pelotica de ping pong en partido realizado en China. Corregí mucho y aprendí más gracias a mi editora, Mónica Miguel Franco.
Ya no les aburro más con detalles técnicos y paso al cuento, sin hacer spoilers. María Luisa es la protagonista y es una dama de la alta sociedad de la época, amante del flan con caramelo. Ella me fue llevando por caminos que jamás imaginé, algunos de los cuales inclusive me sorprendieron ya que no se me hubiesen ocurrido jamás.
Entendí por qué amo las casas de esas épocas, la moda, la decoración y objetos de arte e inclusive algunas costumbres. Por otro lado, me pongo en sus zapatos y rechazo de plano tanta injusticia y desigualdad. Fueron tiempos convulsos en Cuba y a nivel mundial y así mismo se afectan las vidas de María Luisa y los demás personajes.
Algunos están basados en personas reales que conocí, o que conozco. Otros son totalmente inventados, al igual que los hechos que transcurren en el escrito.
Me siento un poco agotada, no lo puedo negar. Tocó investigar más de lo que pensé para que los detalles fueran verídicos y todo tuviera sentido. Tocó revisar y revisar otra vez. Pero a la vez me siento muy satisfecha, porque lo logré y es como si fuera un hijo más que se suma a la familia.
Fue también vivir un poco dentro de la matrix, darte cuenta de cuál es la realidad “verdadera” y atravesar la barrera. La forma en que veo el proceso de escritura ha cambiado muchísimo, abriéndome nuevos y promisorios horizontes.
No les cuento más. Lo que sí es que, si Dios quiere, la presentaré en la Feria Internacional del Libro de Panamá en agosto de este año. Espero verlos por allá, que la disfruten y que me cuenten sus opiniones. ¡Quiero saberlo todo!



