No se pudo

Pensamos en la muerte mucho, poquito, nada. Cuando muere alguien cercano, una mascota o cuando se asoma en nuestro cerebro la inevitabilidad de la nuestra propia. Más temprano, más tarde, pero vendrá. Como dicen, cuando uno muere ya los problemas se acaban, pero los que quedan, muchas veces lo que reciben en herencia son enredos. Lo que conmueve del escrito y la historia de Tatiana Schlossberg es que aunque se aferró a la vida, a la esperanza de un tratamiento exitoso, de una nueva oportunidad de abrazar a sus hijos, no pudo. No pudo la medicina, ni los recursos ni los deseos. Se fue. Queda en manos de sus deudos mantener vivo su recuerdo en esas mentes infantiles para el resto de sus vidas…
Las velas son para quemarse

No quise hacer listas, ni resúmenes, ni recuentos del año.
Hoy preferí detenerme en una frase y dejar que su significado ilumine este cierre de ciclo.
Encender una vela es mucho más que un gesto decorativo.
Es presencia, es decisión, es recordar que el tiempo no se guarda para después.
Las velas no están hechas para mirarse apagadas, como tampoco nosotros estamos hechos para postergar la vida.
Y están también esas otras velas…
Las de los barcos que nos trajeron hasta aquí.
Agradecidas, necesarias, pero ya cumplidas.
Quemarlas no es renunciar: es no retroceder.
Cerramos un año 9, tiempo de culminaciones, despedidas conscientes y capítulos que se cierran.
Se abre un año 1, un ciclo nuevo para sembrar lo que queremos ver florecer en los próximos años.
Eso lo dijo un Méndez

En un viaje reciente me encontré en un mercadito con un puesto que vendía escudos o blasones familiares en diferentes formatos. Siempre me ha llamado la atención la simbología de sus diseños y sus orígenes. Pero aquí me encontré algo diferente. El escudo venía acompañado por una frase atribuida a algún “famoso” tocayo de apellido conmigo.
Gracias, otra vez

¿Qué tal si dedicamos un cachito de nuestra energía a dar las gracias? En esta temporada de pedir y desear, pienso que lo que debemos hacer es todo lo contrario. Agradecer. Dar. Por lo que es y lo que no. Por los golpes y aprendizajes. Porque el carro arrancó hoy en la mañana y no había ninguna llanta flat. Ese gran alivio que sientes cuando ruedas sin percances por la avenida es una bendición, para mucha gente, que tuvo que “jumpear” su batería y llegar tarde al trabajo; su mañana fue un poco más complicada. Así que agradece…
Servicio al cliente – missing in action

Me he enfrentado últimamente a varios chascos en este tema. No sé si es la dependencia excesiva en las comunicaciones digitales, la falta de conocimiento o formación en el manejo del cliente o la ausencia de empatía o manejo de relaciones humanas. El asunto es que el servicio y la experiencia agradable y positiva fueron completamente aniquilados en la ecuación, dejando solamente el deseo de salir huyendo…
La Virgencita en el Portal

Comienza la época favorita del año para muchos, triste para otros e indiferente para algunos. Tradiciones familiares se sostienen mientras que otras se van difuminando con el paso del tiempo y la falta de quien las mantenga vivas. Hoy te cuento una que siento que se ha perdido y es la de honrar a la Virgen María con motivo del Día de la Madre la primera semana de diciembre. En mi casa lo hacían y se transformaba en un espacio de unión familiar y de abrazo comunal. De corazón y genuino. ¿Qué tradición quieres rescatar este año?
La vida siempre te sorprende

Cuando piensas que ya lo has hecho y vivido todo, te das cuenta que no es así. Surgen nuevos intereses, conexiones, propuestas, ideas, tantas cosas que despierta la inquietud en tu alma y las ganas de convertirlo en realidad.
Agatha Christie, mi amiga

Hay autoras que marcan nuestra manera de leer, de observar y hasta de pensar. En mi caso, Agatha Christie no solo fue una puerta al mundo del misterio, sino una maestra silenciosa en el arte de mirar más allá de lo evidente. Su nombre, sus personajes y sus intrigas me acompañaron desde la adolescencia, moldeando una parte de mi curiosidad y mi amor por las historias que esconden algo más que un crimen.
Este texto es un homenaje íntimo a esa relación lectora que me ha acompañado desde siempre. A través de las páginas amarillentas de su colección —algunas incluso con la huella de un tabaquito encendido—, vuelvo a encontrarme con aquella escritora que no temía desaparecer para reinventarse y con los personajes que me enseñaron a escuchar, observar y desconfiar de las apariencias.
Ya falta menos

Confesiones del tiempo previo al viaje y retos enfrentados a nivel físico durante el recorrido. El mejor chocolate con churros de la historia y la entrada triunfal a Santiago. Me sentí como una monarca que regresa a su reino luego de haber expedicionado por nuevos territorios y los ha conquistado. Un regreso triunfal al mundo real donde tocaba aterrizar e internalizar tantas vivencias y todo lo visto por mis ojos. Poder abrazar al Santo, no tuvo precio, no nos lo esperábamos y fue la más grata sorpresa. Retirar las credenciales de la hazaña, junto a tantos peregrinos de alrededor del mundo, todos rebosantes de alegría, fue otro momento inolvidable. No se pierdan la conclusión de esta historia, a través de la cual compruebo una vez más, que el verdadero viaje es hacia nuestro interior.
Ultreia et suseia

Texto para el correo: El Camino de Santiago. Experiencia que quise vivir desde mi adolescencia y sobre la cual leí mucho. Anhelaba ir, algún día…en diversas ocasiones planes se armaban y descomponían, hasta que finalmente, se dió. Por supuesto, no lo hice completo, no había forma de robarle tanto tiempo al tiempo. Sabía que era muy improbable que recorriera los tramos completos. Pero nada de eso importó. Fue perfecto. Y lo más importante, fue lo que siempre soñé.